La tregua - Mario Benedetti

¿Qué necesitamos para "despertar" a la vida? ¿Te lo has preguntado?

Mario Benedetti se pregunta algo parecido a través de Martín Santomé, retratando el amor como la forma de llenarnos de emociones, de deseos por vivir. Es una novela que rezuma sentimiento y mucha poesía en su prosa, a la vez que nos plantea lo que es existir en una vida gris y, quizás, nos hace plantearnos qué tipo de vida llevamos todos los días.

Esta novelita la leí hace mucho tiempo, pero es de las más memorables para mí dentro de mi adolescencia, pues Mario Benedetti escribe con fluidez poesía en una prosa que alarga hasta llenarla de argumentos y volver sus textos una novela, o al menos eso sucede en La tregua.

La historia que encontramos aquí es interesante: Martín Santomé, un hombre de 49 años con tres hijos, tiene un buen puesto en una empresa y a su cargo a tres empleados. Está a punto de llegar a su jubilación y en lo que parecía un momento cualquiera, después de contarnos en su diario un poco sobre su vida común en la oficina, contrata a Laura Avellaneda.

Avellaneda es una mujer de 24 años de ojos verdes. Segura, inteligente y decidida Martín Santomé comienza a tomarle atención hasta que se enamora de ella. Se lo confiesa y optan por tener una relación.

Se llevan 25 años de diferencia, lo cual podría volverse "escandaloso", mas la maestría narrativa de Mario Benedetti nos muestra algo totalmente diferente. Poco a poco van tomándose cariño y afecto hasta volverse compañeros incondicionales, se cuentan todo y los hijos de Martín Santomé van enterándose e incluso estableciendo relaciones con Laura Avellaneda...

En medio de poéticas experiencias y reflexiones conmovedoras, Avellaneda muere. Considerando que había ya fallecido la primera esposa de Martín Santomé en el parto de su último hijo, el protagonista comienza a dilucidar que su vida está condenada a la miseria.

Decide que su existencia es gris y rutinaria porque este es su destino. Decide que lo trillado es casi la regla y lo nostálgico el camino a tomar, hasta que, en ciertos momentos, o al menos en un momento, Dios le otorga La tregua, esos momentos de dicha y felicidad que encontró en Avellaneda (y quizás antes en Isabel), donde pudo celebrar el sentido que tenía su propia existencia.

Tuvo una tregua durante la cual fue feliz, pero ahora, de nuevo sin pareja amorosa, ha de continuar su camino, saboreando en retrospectiva todo lo positivo y delicioso que dejó en él esta experiencia tan llena de emociones.

Su narrativa poética y su énfasis en los sentimientos y emociones mostradas en un "diario" hacen a esta novela la opción si se busca un texto esperanzador, delicado y poético, mientras te cuenta una historia que te mantiene pendiente de las páginas y te llena de esos momentos donde te sientes lleno de ternura con una historia preciosa.

Es una de esas novelas delicadas, poéticas, que siempre saben mejor con una taza de chocolate caliente en la mano, bajo las cobijas, en una tarde lluviosa que anima al abrazo y a los recuerdos nostálgicos.

La recomiendo ampliamente.